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En 25 de Mayo
" Cosas insólitas que ocurrieron alguna vez"
Por ANGEL "PEPE" CLAVIJO
Sucedieron en las décadas del 50 y 60, con algunas personas un poco distraídas. Don José - su apellido no recuerdo porque todos lo conocíamos por su nombre-, tenía una fracción de campo en Mamaguita y una casa en la ciudad, pero vivía en el campo con su esposa y se dedicaba a la agricultura y ganadería.
Cuando viajaba al pueblo por cuestiones de negocios, pasaba todo el día en su casa y al anochecer regresaba al campo porque generalmente lo hacía solo. Un día se había puesto a regar el jardín. En un momento cortaron el agua, no cerró la canilla y cuando terminó sus cosas volvió al campo. ¡Imagínense! Un vecino vio que entraba agua a su domicilio, saltó el tapial y cerró la canilla. Cuando regresó don José, le contaron lo sucedido.
Otro día viajó a la ciudad con su señora y a la noche, al volver al campo, cuando estaba en la tranquera advirtió que ¡la había olvidado!. Debió regresar a buscarla. En otra ocasión, este señor, que era tan distraído, iba a Mamaguita en el sulky, se encontró con un vecino, que lo paró para preguntarle por qué iba parado. Don José respondió asombrado: "creí que venía en la jardinera".

Había otro señor que vivía en la zona rural de Islas, que se encuentra al sudoeste del partido de 25 de Mayo, había viajado a Buenos Aires en el tren, cuando las locomotoras eran a vapor, alcanzando una velocidad de 60 o 70 kilómetros. Cuando volvía, como en la estación de Islas no lo esperaba nadie, le dijo al maquinista si podía reducir la velocidad frente a su campo; el tren siguió rápido y decidió arrojarse, primero la valija y luego él. Ahí empezó el drama, ya que dio varias vueltas y tumbos en los pajonales hasta detener su marcha quedando unos minutos semi desmayado hasta reponerse, felizmente sin sufrir ninguna fractura.

Otro distraído en San Enrique, don Pedro, era contratista rural y disponía de tractores, sembradoras y cosechadoras dando trabajo a varias personas, contaba para su movilidad con una camioneta Chevrolet modelo 65. A su vez estaba el señor Penesi que tenía una igual.
En la hostería del señor Caldiroli se reunía la gente para charlar y tomar algún copetín. Una noche, llegó don Pedro que andaba haciendo los mandados, en busca de alguna persona para trabajar y apurado como de costumbre, estacionó la camioneta junto a la de Penesi, quien le dijo a los demás: van a ver que don Pedro se va en mi camioneta. Así fue. Cuando llegó a su casa, la señora le preguntó si había traído los encargues, fue a la camioneta y no tenía nada. ¡A llevarla de vuelta y regresar en la de él!.
San Enrique, lugar de anécdotas e historias. Se corrían carreras cuadreras, era la fiesta de la gente de campo. En esos tiempos hubo dos canchas en el pueblo nuevo -el que donó Alfredo Palma-, una estaba en la calle de Pereira, en la zona Sur y la otra al Norte, conocida como la cancha de Farías. Un domingo había una depositada y estaba colmada de gente. Había un señor llamado Polo al que le gustaba tomar barato; siempre estaba al lado de la cantina y cuando venían corriendo, gritaba: ¡largaron!, y cuando la gente iba a mirar, le tomaba lo que tenían servido en sus copas.
En otra ocasión, dos muchachos que venían disputando una carrera cuadrera de noche, se chocaron a Molinari, que venía de trabajar. Le sacaron el aceite a la camioneta para ponerle nuevo y como no tenían, derritieron grasa de cerdo y le echaron al motor, debido que tenían que viajar urgente a 25 de Mayo.

Una familia que vivía en el campo se movilizaban en un auto Ford A y como las tranqueras por lo general eran de alambre casi siempre estaban tiradas en el suelo. Como tenían prisa por llegar, la pasaron por arriba y cuando llegaron a destino vieron que la traían enganchada atrás del vehículo.
Sólo un puñado de anécdotas divertidas.
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Raúl Nicolás Musa
De juntador de maíz a constructor

Por ANGEL "PEPE" CLAVIJO

Nació en San Enrique el 16 de febrero de 1936. Sus padres, José Musa y Rosa Petrillo, gente muy humilde. Fue muy poco a la escuela, porque debía trabajar para él y ayudar en la casa, como ocurría en muchos casos similares.
Raúl fue un chico que nunca le sacó el cuerpo al trabajo. Cultivaba verduras en su casa y todos los días salía a vender para "ganarse el puchero"; también agarraba la azada y cortaba pastizales dentro de los maizales, porque antes no había matayuyo, se hacía a brazo y caminando dentro del cuadro.
Como el tiempo no se detiene, siendo un poco más hombrecito se compró una maleta de juntar maíz a pagarla con trabajo, porque los almacenes de campo las daban en esas condiciones.
En esa época se formaban cuadrillas de juntadores. Raúl entró de cocinero, empezaba las 5 de la madrugada en pleno invierno, para las 10 ya tenía 8 bolsas norteras llenas y regresaba al campamento para hacer la comida a los demás trabajadores.
En la tarde seguía hasta completar 7 bolsas más. Luego preparaba la cena. Llenaba 15 bolsas por día. Sucedía a fines del año 1940 y en la década del ´50, un poco cansado de esa vida, quería aprender algún oficio porque lo que hacía era como para pasar el tiempo. Pensaba en el futuro y quería progresar. Tanto que en esos años los ranchos viejos empezaban a querer caerse y muchos querían tener una casita de material.
Por eso, llegó don Dionisio Fuentes a San Enrique, constructor de albañil, procedente de 25 de Mayo, que antes había estado construyendo el almacén y casa de Antonio Toniolo y otra a doña Emilia Brazzaloto. Fuentes precisaba un ayudante y empezó a trabajar Raúl, que fue aprendiendo mucho, apasionado por el oficio.
Después de un largo tiempo, al regresar el patrón a la ciudad de 25 de Mayo, le dijo que ya podía seguir solo. Así fue que se puso en sociedad con Juan Resca y ocupando a su hermano Abrahan como ayudante, compraron una camioneta, que aún conserva, y empezaron a trabajar.
Corría el año 60 cuando se trasladaron a Blaquier para construir una casa habitación a "Lito" Fraschetti, y también un galpón. Después de unos meses, al terminar volvieron a San Enrique, su querencia.
El tiempo seguía su curso y el trabajo no le faltaba. Raúl, como tantos otros, quería formar una familia y empezó a noviar con Zulma Rodríguez, hija de una apreciada familia de San Enrique. Tras un tiempo no muy prolongado, el 16 de diciembre de 1965 unieron sus vidas en matrimonio, fecha para la que ya había construido su propia casa. Cada vez tenía que trabajar más, pero no le tenía miedo al camino de la vida.
De la pareja nacieron 5 hijos, cuatro varones y una mujer: Silvio, Cristian, Damián, Esteban y Doris, y él siguió trabajando con esfuerzo para mantener a su familia. Construyó un chalet en Montequieto y otro en San Enrique, a Bertoni, también varias casas en la zona rural.
Cuando su socio Resca debió retirarse a causa de una enfermedad, continuó con su hermano, vio que sus hijos se hacían grandes, su trabajo ya no abundaba y buscó un nuevo horizonte: luego de analizarlo, con su esposa decidieron radicarse en 25 de Mayo, donde había más obras. Alquiló una vivienda hasta que pudo comprar y hacer su propia casa.
La nueva etapa lo halló con su hermano y su hijo mayor Silvio. Construyó chalet, salones para negocios, la mayoría en calle 18, donde también se encuentra la despensa "Don Nicolás", que está atendida por su esposa y dos de sus hijos, Silvio y Damián.
Los demás se independizaron y formaron su familia. Esteban con farmacia, Cristian gerente de Super 25 y Doris es kinesióloga y trabaja en Buenos Aires.
En la década del 90, Raúl debió interrumpir sus trabajos debido a un grave problema de salud, pero pasando un tiempo prudencial, superando ese trance y como no le gustaba estar de gusto, tomó las herramientas de nuevo y con la ayuda de un peón, le hizo un chalet a Cristian y algunos más.
En la actualidad lo vienen a ver de muchos lados para ofrecerle trabajo, pero no los toma porque está un poco cansado. Solo hace tareas livianas, como terminar algunos detalles en su casa y en la de sus hijos.
Musa, gustoso de las bochas, la taba y las carreras cuadreras, hoy suele concurrir al hipódromo veinticinqueño acompañado de su esposa y algunos amigos para desgustar un asadito y pasar el día. Merecido descanso para un hombre que dedicó la mayor parte de su vida al trabajo, y a quien hoy podemos verlo en su casa de calle 18 y 30, disfrutando de su merecida jubilación y rodeado del cariño de su esposa, hijos y nietos.
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Un día en San Enrique
"Nunca vayas a radicarte donde viviste tu infancia"

Por ANGEL "PEPE" CLAVIJO
"A veces pienso que si por esas cosas de la vida me tocara ir a vivir a San Enrique, me mataría la nostalgia, porque no queda nadie de cuando tuve mi niñez".
Visité la localidad de San Enrique y me impactó la tristeza que sentí cuando empecé a caminar sus calles para tomar algunos fotos. Esperaba encontrar alguna persona para conversar un rato, pero no fue posible. Con todo respeto, por momentos me parecía que me encontraba en un pueblito abandonado del lejano Oeste. Era sábado y la gente permanece dentro de sus casas, pero igual alguien debería haber encontrado...

Avancé hasta llegar a la vieja estación abandonada, siempre temiendo encontrarme con algún perro bravo, pero felizmente nada de eso ocurrió y al llegar encontré con Héctor Penesi y le expliqué el motivo de mi visita: tomar fotografías. Amablemente me hizo pasar y me acompañó a hacer mi trabajo.

Terminando mi cometido estuve un largo rato conversando y recordando algo de un tiempo que ya se fue y jamás volverá. Aunque él es más joven que yo, igual tenía anécdotas que estuvimos comentando.
Ya era de tarde y como el sol iba buscando el horizonte, debía emprender el regreso. Tras despedirme de Penesi, salí rumbo al "pueblo nuevo", donde se encuentra la Delegación Municipal, la Capilla, Jardín de Infantes...
Históricamente el pueblo que donó el señor Palma está dividido en dos partes, por lo que en un tiempo pasado estaba la vía del tren que separaba el pueblo, como pasó en otros lugares.

Mientras caminaba de vuelta, 15 cuadras, encontré dos chicos y les pregunté quiénes eran. Cuando me dijeron el apellido, era desconocido... ¡cómo ha pasado el tiempo! Sentía nostalgia de ver a mi pueblo natal, donde pasé mi niñez.
Prácticamente no hay nadie de mi generación. Muchos se han ido de esta vida y otros emigraron. Me acordé que en la década del 50 vivía Rosalino Portela, un personaje de esa época en San Enrique, que dejó varias anécdotas; tenía un problema en un ojo porque casi no veía y cuando alguna persona le preguntaba si no iba al oculista, contestaba que para ver lo que había en San Enrique con un solo ojo le alcanzaba. ¡Qué hubiera dicho en la actualidad, porque en ese tiempo había mucha gente!
También San Enrique fue cuna de grandes músicos: bandoneonistas como Honorio Sayavedra, Manuel Rodríguez, Angel Bertoni, Luis "Cacho" Sayavedra, entre los que me incluyo; guitarreros, acordeonistas y cantores. ¡No faltaba nada!
Mientras caminaba rumbo al pueblo nuevo pasé por la casa de Raúl Calderoli, que poseía en un tiempo pasado hostería y alojamiento, que siempre estaba ocupada. Me dio lástima verla sola y abandonada, porque su dueño hoy está radicado en nuestra ciudad.
Seguí andando y miré donde vivía doña Emilia Brazzaloto y la herrería Toniolo, donde hay algunos escombros y plantas como en toda tapera. Unos pasos más, lo que fue la carnicería de Juan Sinnot, que va camino al derrumbe como toda casa vieja. Sinnot tenía un don especial para despachar carne: si un cliente le pedía que le cortara 2 kilogramos de asado en un trozo, le daba exacto. Igual con los demás cortes. ¡Todo lo hacía a brazo y pulmón, porque en esa época no había corriente eléctrica!

A raíz de esta visita a San Enrique, se me ocurrió titular esta nota "nunca vayas a radicarte donde viviste tu infancia". A veces pienso que si por esas cosas de la vida me tocara ir a vivir a San Enrique, me mataría la nostalgia, porque no queda nadie de cuando tuve mi niñez.

Esa tardecita, ya cansado de andar solo, me acordé del hombre que no hace mucho cumplió sus 90 años: "Lucho" Sayavedra. Llegué a su casa, me invitaron a pasar y me senté a conversar, mientras su esposa nos daba unos ricos mates, hasta que llegó la noche.

Luego fui a disfrutar de dos cumpleaños de familiares en el salón de Bomberos Voluntarios. Así terminó "un día de campo", con la felicidad de volver a mi tierra y la melancolía de ya no ver tantas cosas que uno jamás olvidará.
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Fuente: Diario La Mañana.

2 comentarios:

carlin dijo...

hola mi nombre es carlos pereyra soy de berazategui y queria dar mis condolencia a mi priomo nestor pereyra x que hoy 19/08/2010 me entere del fallecimiento de mio tio rodolfo pereyra a la distancia les mando un abrazo

Violeta dijo...

Es un lindo lugar como para ir a conocer?
DIgo porque vendra mi prima del exterior a quedarse unos días en mi departamento en Buenos Aires y me gustaría llevarla a conocer lugares por fuera de la ciudad....
es como para ir a pasar el día?